¿Te Sientes Perdido?

 

Es una sensación desgastante y difícil de explicar. 

Yo la conozco.

Es como estar parado en el medio de un bosque rodead@ de árboles tan altos que no te dejan ver el cielo y que solo permiten que delgados rayos de luz se cuelen entre sus ramas para iluminar las sombras húmedas y grises.

Camino en el bosque.

Si miras al frente ves un sendero sin fin. 

Sabes que tienes que avanzar pero no sabes hacia dónde, sin embargo, no tienes otra opción mas que hacerlo porque regresar es imposible. No queda nada detrás. Seguir es la única opción que existe. 

Así que, resignad@, tomas aliento y caminas sin saber lo que encontrarás más adelante. 

Por momentos gritas desesperad@… pero nadie te escucha.

Tu único consuelo son los delgados rayos de luz que entre las tinieblas ahumadas del bosque te dejan ver las diminutas flores entre las rocas y es que gracias a ese resplandor tenue, puedes percatarte de las coloridas mariposas que revoloteando se te cruzan de vez en cuando como señales de esperanza.

Eso sí, tienes que fijarte bien para poder distinguir todas estas pequeñas maravillas que animan un paisaje tan sombrío.

Así te sientes cuando andas sin rumbo por la vida, sin destino.

Es agotador caminar tanto sin llegar a ningún sitio y lo primero que haces es preguntarte por qué lo haces. 

Yo he caminado por muchos años entre esos árboles tan altos que no te dejan ver el cielo, tropecé con las piedras y también caí varias veces. Ya perdí la cuenta.

Pero un día descubrí algo que cambió la manera oscura en que veía las cosas. 

Apareció un río al lado del camino.

Río

 

Me senté en su orilla por un rato y sumergí mis pies cansados en el agua fresca y transparente. ¡Qué gran alivio!

Observé mientras tanto cómo sus aguas avanzaban entre las pequeñas rocas desgastadas, los troncos y las hojas que se atravesaban en su cauce. Nada podía detenerlo.

Entonces… lo entendí. 

Yo era como ese río. La gran diferencia era que mientras el fluía, yo me resistía a hacerlo.

En tan solo un instante comprendí que mi mente era mi peor enemigo; porque me hacía sentir miedo, inseguridad, angustia al punto de querer renunciar a un viaje que es completamente natural y necesario.

Mi mente me torturaba con cada paso que daba. Era miserable.

Decidí entonces confiar y dejar atrás el temor y toda necesidad de controlar mi rumbo. Comencé a fluir como aquel río y acepté que la vida es un viaje que debía hacer. 

Encontré paz.

Fluye y no te resistas.

No dejes que tu mente te controle. Es mala consejera. Impide que disfrutes lo hermoso del sendero haciendo que te enfoques únicamente en lo que te amenaza y asusta.

Sé que es muy difícil pero es importante que no te estreses.

Avanza confiado. No puedes controlar lo incierto del camino pero sí tu actitud para enfrentarlo. Te aseguro que todo se irá acomodando a tu paso.

Mejor enfoca tu mirada solamente en los rayos de luz que se cuelan en el bosque de tu vida.

Así descubrirás, que dentro de la abrumadora oscuridad  del camino tus ángeles te enviarán rayos de esperanza para que logres ver las diminutas flores y las coloridas mariposas.

¡No te rindas!

Bendiciones

        

 

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